Las investigaciones, que se están realizando en el marco de un consorcio empresarial en el que participan compañías españolas, de Israel y de otros países, se centran en el cultivo de algas con el objetivo de obtener aceites aptos para ser empleados como combustible sustitutivo de los procedentes del petróleo y económicamente viables.
De hecho, España se hará cargo de la parte de la investigación para averiguar la "idoneidad de los aceites obtenidos de las algas para ser usados como combustibles", asegura el gerente de la empresa Bionorte, Alfonso Mielgo, que es la firma española participante en la investigación. Mientras que, la aportación israelí vendrá de la producción masiva de algas y la producción de los aceites base. Un sistema desarrollado por empresas como Seambiotic, que ha dado con la forma de producir masivamente biocombustible mediante la canalización de dióxido de carbono procedente de emisiones industriales hacia piscinas de algas, que sirven de base para producir biocombustibles.
La gran ventaja de este nuevo sistema de producción de combustibles alternativos es que no necesita de grandes extensiones de terreno para la producción. "El gran problema que tenemos en la actualidad es que las tierras de cultivo para la generación de biodiésel son limitadas. Si la obtención de aceites derivados de las algas se consolida a gran escala contaríamos con una fuente de materia prima prácticamente inagotable", apunta Mielgo. De hecho, los expertos consideran que los cultivos acuáticos tienen actualmente un uso muy escaso a pesar de que casi la mitad de la biomasa de nuestro planeta se produce en los océanos y de que existen algas unicelulares capaces de producir más de 125.000 litros de biodiesel por hectárea cuando el producido en la misma superficie por un cultivo de girasol apenas llega a los 500 litros. Teóricamente las algas son la unica fuente de energía renovable capaz de reemplazar en su totalidad al gasóleo fósil.
En la actualidad existen dos tipos principales de explotaciones de algas destinadas a la obtención de aceite para biodiésel. Hay explotaciones extensivas que se realizan en estanques que se emplazan en terrenos desérticos como las que funcionan en Israel o Arizona. También existen sistemas intensivos con biorreactores que contienen las algas. Una ventaja adicional que tienen las algas frente a otras energías alternativas es que “crecen rápido y continuamente”, según el CEO de Seambiotic, Amnon Bechar. “Un estanque de algas puede producir combustible los 365 días del año, y mucho más combustible por hectárea de terreno que las cultivos tradicionales de plantas”.
La tecnología de biodiesel con algas, no sólo es buena porque genera petróleo con un material tan abundante y fácil de reproducir como las algas marinas, sino porque genera celulosa (papel ), electricidad y consume CO2, lo que convierte a esta industria en una ' máquina ecológica perfecta'. De hecho, los estudios realizados hasta el momento, vienen demostrando que las algas son uno de los más prometedores biocombustibles. Son capaz de producir 30 veces mas combustible por acre que las cosechas usadas para la producción de biocombustibles; el combustible de algas no es toxico, no contiene sulfuros, y es altamente biodegradables. Por todo ello, el uso de esta nueva tecnología permitiría reducir la contaminación del medio ambiente por medio del procesado de uno de los gases más peligrosos producidos por la plantas de energía: el dióxido de carbono, al que se considera responsable del calentamiento global.
Durante los últimos años, la empresa israelí Seambiotic ha propuesto la idea de generar combustible con algas a otras empresas de combustible alternativo y, recientemente, ha captado el interés de la empresa Israel Electric Company (IEC) ubicada en Ashkelon. En Israel y el resto del mundo, se estima que las plantas de energía producen cerca del 40% de todos los gases de efecto invernadero. Sin embargo, mediante el empleo de estos métodos diseñados por la naturaleza, es posible detener las emisiones de dióxido de carbono, a través de un proceso llamado biofijación.El sistema empleado por la empresa israelí utiliza una planta pequeña de la familia de las algas para hacer ese trabajo.
A un nivel aún experimental, la experiencia piloto de la empresa en Ashkelon, usa las algas para asimilar las emisiones de dióxido de carbono de las plantas de energía. La explotación tiene ocho piscinas de algas, que cubren un cuarto de acre, están llenas con la misma agua de mar usada para enfriar la planta de energía. Un pequeño porcentaje de gas es extarído por un sifón desde la chimenea de la planta de energía y es canalizado directamente a las piscinas de algas. Inicialmente, cuando la granja piloto empezó a operar, los experimentos se realizaban con el alga Nannochloropsis, pero a los pocos meses, los investigadores se dieron cuenta de que una inusual cepa de alga crecía en las piscinas (denominada Skeletonema), una variedad que se cree útil para producir biocombustibles, algo que ahora se está investigando para, eventualmente más adelante, desarrollar un sistema de producción masiva.
Por su parte, el departamento de I+D de la compañía española, que se ubica en el polígono de La Florida, en Sotrondio (Asturias), será el encargado de determinar la idoneidad de los aceites producidos por las algas para servir de combustible. Según indica Alfonso Mielgo, existen "numerosos tipos de algas y cada uno de ellos tiene un porcentaje diferente de generación de aceite, aunque en algunos casos se puede llegar a alcanzar hasta un 50%". Bionorte aporta su experiencia en el uso de aceites procedentes de la industria para ser usados, una vez reciclados, como biocombustible alternativo. La empresa viene utlizando, desde comienzos de la década, aceites industriales recogidos en industrias del norte de España.
La incógnita que han de despejar los investigadores es si la obtención de aceites derivados de las algas a gran escala es capaz de ser alternativa viable económicamente al petróleo. De ser así, "contaríamos con una fuente de materia prima prácticamente inagotable", apunta Mielgo. Según los estudios de rendimiento realizados por los investigadores israelíes es posible producir un litro de combustible por cada 5 kilos de biomasa procedente de una especie de algas provenientes del Mediterráneo.
Las algas, a través de la fotosíntesis convierten en energía química la que captan de la luz solar, utilizándola posteriormente para convertir sustancias inorgánicas en hidratos de carbono, ácidos grasos, proteínas y vitaminas, destacando en esta función las algas unicelulares. En sus membranas contienen lípidos y ácidos grasos, productos de reserva y metabolitos. Las especies con alto contenido en grasas son las que verdaderamente tienen interés en la búsqueda de una materia prima sostenible para la producción de biodiesel. No es difícil encontrar algas de crecimiento rápido, pero sí lo es el determinar las especies capaces de proporcionar una alta producción de aceite, más del 50% sobre su materia seca, y que al mismo tiempo no se contaminen fácilmente con especies indeseables. Habitualmente las especies de mayor contenido graso no son las que se reproducen con mayor rapidez. Aunque no puede decirse que haya una especie de algas que sea la mejor en cuanto a la obtención de biodiesel se refiere, sí hay algunas más prometedoreas, como las diatomeas y las algas verdes. En cualquier caso conviene seleccionarlas entre las especies locales teniendo siempre en cuenta el medio en el que se va a realizar su cultivo.
De hecho, según los expertos, "las algas producen un aceite natural que en ciertos casos es de alto rendimiento y llega al 75% de la planta". Ese producto, "se puede cosechar y procesar para hacer biocombustible que se puede refinar para hacer turbosina para aviones y gasolina", señalan en un informe los especialistas de la consultora Tribology and Lubrication Technology. Esta consultora, en su informe "Alga: el nuevo biocombustible", destaca cómo compañías en España e Israel están listas para lanzar al mercado mundial a gran escala la nueva generación de biocombustibles fabricados con base en las algas marinas. Junto a ellas, los consultores destacan que existen también competidores en países como Portugal, Estados Unidos, Canadá, Holanda y Nueva Zelanda.
En la carrera por obtener combustibles económicamente rentables de las algas no sólo se encuentran las empresas citadas, ya que, también en España firmas como Bio Fuel Systems de Valencia, cuya patente es de la Universidad Polítécnica de Valencia, están desarrollando sistemas similares basados en el cultivo de algas marinas. Mientras que, por parte israelí, cabe destacar a las empresas Algatech y GreenFuel (ésta de EE.UU) que también están en la búsqueda de un sistema de producción de combustible alternativo al petróleo procedente de las algas. Curiosamente el campo de actuación de Algatech no era el de la generación de combustible, sino el del uso de las algas para obtener componentes cosméticos.
Pero las algas sirven también para algo más que para generar biomasa y absorber emisiones de gases nocivos. En España se está investigando sobre la posibilidad de desarrollar materiales desde las algas que permitan la conservación de los alimentos. La idea es lograr recipientes y plásticos separadores de alimentos en cuya fabricación se incluyan compuestos naturales con características antioxidantes y antimicrobianas extraídos de subproductos pesqueros, como es el caso de las algas.
Los productos en los que se centra la investigación de los laboratorios de Anfaco Cecopesca (la patronal conservera española) son las algas marinas que cuentan con características antimicrobianas y antioxidantes. Se trata de un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, que se sitúa "a la vanguardia de las tecnologías de conservación de alimentos" y que pretende responder al requerimiento del mercado de ampliar la vida útil de los alimentos conservando sus características originales, además de sustituir a los actuales conservantes y estabilizantes.
Para este proyecto, los investigadores han optado por las algas marinas de las costas gallegas ya que "como organismos fotosintéticos, constituyen una fuente importante de compuestos antioxidantes y de enzimas protectoras". Así, entre las algas con la que se experimentará están la verde Fucus spp, y las pardas Ascophyllum nodosum y Ishige okamurae, además de la Palmaria palmata, Laminaria digitata o Chlorella pyrenoidosa.
Junto a ambas líneas de investigación, en España se acaba de aprobar la creación del primer "Banco Nacional de Algas". Esta institución, que se ubicará en Canarias, tendrá como objetivo el facilitar a los científicos su labor de investigación de esta flora marina permitiéndoles así "conocer, identificar y usar" el "potencial" y las "propiedades" que tienen las microalgas para, entre otros aspectos, reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera o fabricar nuevos fármacos. Los promotores del banco apuntan que el objetivo es el de "captuar especies de todo el mundo, mantenerlas, y conservarlas para que durante la investigación los científicos puedan conocer el potencial que tienen las diferentes especies".
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